Lunes, 5 de Abril del 2021
Reseña en El Litoral
Todo poeta se desliza hacia una búsqueda interior como aquel que camina sobre la cuerda floja, logrando el equilibro perfecto en la palabra. Corina Sedevich llega a ese equilibrio con un lenguaje desgarrado, buceando palabras hasta purificarlas, dándoles un nuevo ritmo. El tono sigue siendo meditativo, sugerente, pero sin descubrir las líneas motivadoras del poema, puesto que el lenguaje posee capacidad sustitutiva del acto, pero al mismo tiempo, requiere conservar su autonomía para generar imágenes que apunten en diversas direcciones: "Las nubes ciernen las luces que caen sobre el pecho que cimbra/ de la mujer que pasa. Las flores nuevas del ciruelo joven/ se elevan apenas sobre mi cabeza. Los rojos estigmas/ superan los pétalos blancos. Pienso en mi madre. Soy mi madre." El dolor y la lucidez se reparten los puntos. Más que el conocimiento o la reflexión, esta poesía busca intensificar la sensación de estar vivo, aguzar la percepción hasta que pueda recoger connotaciones entrañables en todo lo que toque.
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